Red poetry and other kaleidoscopic colors

martes, julio 31, 2007

Demanda

Demando de ti una caricia.
Demando tu cuerpo, tu beso
Y tu boca que tan bien me sienta.

Requiero de ti una mirada
Una sencilla, de poca profundidad y ligera.
Una de piedra… de hielo… o de impaciencia aunque sea.
Y si de miradas sólo te quedan ausentes
Qué importa, con tres de ellas me basta.
Como sea, las requiero.
Y las sufro ahora que no las tengo.
Mis ojos, ahora de sal y de agua, ansían descubrirte en la distancia
Ahora que tan lejos te has ido…
Ahora que se ha desvanecido tu figura en la oscuridad de la noche.

Y sí; quizás te encuentre a la vuelta de la esquina.
Tengo que levantar mis piernas de mármol y conducirme afuera.
Pero primero es obligación liberarme de mis sollozos
Liberarme del padecimiento que me procura tu ausencia
De este dolor que punza mi entrecejo...
De este incomprensible vacío
De esta melancolía innecesaria
De este incesante anhelo
De esta insoportable vaguedad
De esta amargo desconsuelo.
Del compendio horroroso que me procura tu ausencia.

Ausencia…
Maldita y dolorosa ausencia…
Maldita…
Obligarme a esperar el final de su historia…
Aquí… sentado…
Triste…
En una casa que resguarda tu recuerdo en la cal de sus paredes.


En infructuoso intento, la irregular movilidad de mis manos se empeña en suavizar la aspereza de tu partida…
Y acaricia el viento
Acaricia el espacio vacío,
Se balancea frenéticamente,
Desliza sus callosidades a lo largo de la nebulosa imagen de ti que aún se respira en mi cuarto.
Y en mi ventana
En mi baño
En mi calle
Y en los recorridos que describen nuestro encuentro.

Imagen hermosa de la que soy víctima
Imagen idílica y cruel persecutora.
Imagen sagrada a quien se dirigen mis cantos.
Imagen pagana dueña de mis pensamientos.
Imagen pura… soñada…
De sal y de mármol; de cal y de nada.
De viento, de prisa, de suavidad y de arena.
De loco delirio y de arrebatado abrazo.
De rosa impetuoso y verde esmeralda.
De sopor, de tardes, de mañanas, de flores,
De terquedades y de paciencias
De cielos y de colores.
De circunstancias, de recuerdos, de insomnios e inapetencias.
Desalientos, huellas imborrables, milagros y profundos deseos.

De tantas cosas y de ninguna.
De vasto contenido...
De desierto...
De todo...y... de todo y...
De todo y...
De todo...

martes, febrero 20, 2007

He vuelto

Que se me acaban las razones.
Los poemas tórridos que alguna vez enardecieron mis ánimos, ahora carecen de sentido.
Las compañías fulgurantes, los besos, las humedades, los cristales, las tardes, los olores…
Ahora se sienten distintos.
He puesto en peligro mi vida y ahora recojo la gratificante cosecha que mi acción merece.

Mi frente un tanto más arrugada que antes.
Mi compromiso y mi seriedad, más tajantes.
Mi azul, más transparente… grisáceo… igual a los días de tu ausencia.
Mi piel reseca por el sol y ligeramente agujereada por las indiscretas intervenciones de lánguidos insectos.

Y tardo más componiendo una frase.
Queriendo hacerla más conciente, devano mis sesos en infructuosos intentos.
Y en los intersticios de mi pensamiento apareces inmisericorde… bella, plena, rosácea y sedosa… como siempre… como siempre te recuerdo… y como quizás no has sido nunca.

Cambio… un mes después se ha operado un nuevo cambio.
Mi corazón palpita más lento y mis silogismos gravitan alrededor de otros misterios.
Cambio… pero no dejo de ansiar tu piel sobre la mía… no dejo de ansiar tu vibrar amoroso… no dejo de ansiar tus rubores… no dejo de ansiarte a ti toda… y al encuentro fortuito que la providencia decida… a aquel acople perfecto… a aquel palpitar desbordante… a aquella compasión amorosa de nuestras miradas…

Ya; espérame que ya llego.
Un poco cambiado quizás; con la barba más larga (signo inequívoco de mi larga estadía en la montaña), el pelo reseco y la mirada un tanto más ausente…

Que se me acaban las razones… menos una.

Aquella que es plena… que solo necesita de unas pocas palabras y del toque insistente de la palma de tu mano sobre el dorso de la mía.

Que necesita de la caricia, del beso, de la humedad, de los cristales, de los poemas, de las tardes, los olores… que necesita de ti… aunque sea sólo un poquito.

martes, enero 02, 2007

Bob el constructor

Un castillo de palabras que los alisios boreales no derrumben.
Un tapiz de construcciones gramaticales que proporcione suavidad a la tosca dureza del cinismo.
Una canción con puntos y comas que para respirar les dé tiempo a tus intranquilidades.
Un nudo estrecho de consonantes con el que mi mano se amarre a la tuya.
Una clave de sol forjada en mayúsculas, para que mis roncos gemidos por tu locura sean oídos.
Un amanecer que quepa en cualquier paréntesis; que se articule en la mala delineación de tu espacio cuando intenta alejarse del mío.
El olor del sándalo atrapado en las cortantes esquinas de ciertas páginas… las que cuentan nuestras desavenencias… buena forma de aligerarlas.
La húmeda fragancia de tu pie en la arena, traída a la vida a través de la simple crudeza de un epíteto.
Un diccionario que le dé significado a tu latir cuando siente muy cerca el mío.
El sinónimo adecuado para ajustar la pasión que a tus ojos deslumbra y que es la misma que mi pulmón derecho respiró ayer.
El antónimo de este amor inmortal y loco que libera de nieblas mi heroísmo. La contradicción a esta pasión absoluta. La fuerza necesaria para contener esta tormenta de caramelo que me empapa y me hace adicto a ti.

A tu beso, a tu cuello, a tu pálpito inadecuado, a tu intuición equivocada, a tu risa, a tu pelo, a tu infortunio, a tus golpes y respectivos hematomas, a tu intranquilidad, a tu súplica, a la mía… y a estas 258 palabras que ahora te escribo.