Red poetry and other kaleidoscopic colors

sábado, agosto 19, 2006

FANTASÍA IMPROMPTU
EN DO SOSTENIDO MENOR OPUS 66

¡No!
Ya no puedo… ya no quiero.
Y si al menos me abandonara un instante esta terrible sensación de vacío, pero me persigue a través de interminables corredores y entresijos. Y si su recuerdo ya no acudiera a mi mente con descaro y me librara de los mil demonios de sus ansias femeninas y de su cuerpo eterno en mi memoria.
Si en mi alma no existiera la desdicha y tanta pena, y si el recuerdo en mí viviera sin dolor y sin tristeza; sin la angustia de pensarla ajena, de saber ya no tenerla, y de no haberla tenido, de perder lo que era mío… de perder lo que pretendí era mío… perder lo que siempre quise y no fue mío.
Pero todo esfuerzo es vano, pues continúa reproduciéndose y contaminándolo todo, inclusive el indistinto color del oxigeno que por vivir me resta. Como un depredador, acechante, se asegura de no dejarme a solas ni un solo segundo y me roba la carísima tranquilidad de entre mis propias manos, seduciendo a mis sesos para hacerles presa de sus delirios. Delirios de sueños impensables e inotorgables. Sueños soñados por nadie. Sueños inaplazables y sedientos de ti; de tu sangre, de tu cuerpo… y de un amor plácido que de ti provenga.
De tu risa, y de tu pelo enmarañado de hojas secas, y de tu beso húmedo y simpático empapado de rosa y de caramelo. De aquel cuerpo envuelto en tiernas fragancias. De tu pecho medanoso, de tu espalda y de ti. Del completo todo de ti.
De tu cintura exquisita está hecho el amor que quiero. Y del abrazo robado con ternura y con celo. De esas miradas gráciles que procuran mi tristeza en tu ausencia. Y de esa infinita paciencia que desdeña vanidades y se conjura en pasiones y proezas. En pasiones tontas y proezas fútiles. Nunca más tontas que este intento de deshacerme de ti. De desprenderme del fútil recuerdo que en mi desesperanza se teje de ti.
Pero cedo de nuevo ante… ante tu voz encantada, ante tu rostro perfecto y la miel de tus caprichos, que por supuesto son míos. Cedo ante el recuerdo de tu piel jamás marchita, y al de mi terquedad que a amar me obliga. Costosa melancolía la que produce que estés ausente.

4 Comments:

  • Este poema no es para nadie en especial.

    Ni tampoco para alguien en particular.

    Es para el que lo quiera. Es una pieza de Frederic Chopin la que lo ha inspirado.

    Espero les guste. Si es que alguien entra a este lugar además de yo mismo, en cuyo caso este comentario sería completamente innecesario.

    Ja, ja, ja. El blog del solitario... el blog que nadie ve.

    Un regalo de Blogger Héctor, envuelto a las 4:15 p. m.  

  • sí.

    Un regalo de Blogger Astrid, envuelto a las 3:59 p. m.  

  • aunque no le deje comentarios, me encanta leer sus poemas.


    ay! si supiera los sentimientos que despiertan en mi.

    c.m.

    Un regalo de Anonymous Anónimo, envuelto a las 12:36 a. m.  

  • gracias

    sigue dejando tus huellitas aquí, a mí me emociona saber que mis letritas se cuelan en tu pecho.

    vuelve.

    Un regalo de Blogger Héctor, envuelto a las 10:06 a. m.  

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