Tantas ganas
Con la firme intención de comprar un barril de vino y bañarme en él.
Y no para ahogar mis penas. Al contrario; para hacerlas duraderas.
Penas que no sobran; que son ladrillos y piezas útiles.
Que son poemas y sortilegios; describen círculos mandálicos e hipnotizan mis agotados sentidos.
Vino; siento ansias de vino.
De aquel vino sagrado que inspiró mis primeros días de torpeza creativa.
De aquel vino delirante que acompañó mis primeros amores.
Del mismo que supo cómo asesinarlos.
Del vino que es mi sangre y la tuya.
¿Quieres compartirlo conmigo?
Sin hablar; solo mirarnos a traves de la fulgurante vela.
Y después tocarnos, sin decir nada.
Solo respirando con vehemencia.
Conociéndonos.
¡Ja!
La mitad de mi existencia la vivo en mi cerebro.
Son más plácidas mis películas mentales que las experiencias vividas.
Más plácidas las escenas que creo y recreo.
Más verdaderos los amores que invento en el papel.
Más lúcida la vida que no es vida.
La vida que vivo lejos de aquí.
Solo tengo ansia de vino.
Y de tener con quién compartirlo.
Así saldré de este encierro inveterado y llenaré mi músculo neurótico de nuevas ideas.
Nuevas ideas mentirosas y delirantes; nuevas vidas no vividas.
Anheladas pero lejanas.
Escritas pero inventadas.
Dolidas, no recordadas.
Vino, vino, vino.
Un galón de vino.
Mi reino de tristeza por un galón de vino.
¡Ja, ja, ja!
¡Qué tontería!
Respiro profundo y me consuelo con saber que pronto extenderé de nuevo mis alas empapadas de Baco, y volaré sobre tí. Tal vez tú me acompañes en aquel juego insensato de miradas y caricias. De discursos coherentes que luego se truecan en repetitivos sermones de dolor.
Un nuevo día esperando que su mes termine rápido.
Cuatro de la mañana; escribir, escribir, escribir.
Encerrado en medio de cuatro láminas de concreto pálido e insípido y un closet de puertas de madera mal cerrado.
Aguardando el momento en que vuelvas a mí... galón de vino.
Y no para ahogar mis penas. Al contrario; para hacerlas duraderas.
Penas que no sobran; que son ladrillos y piezas útiles.
Que son poemas y sortilegios; describen círculos mandálicos e hipnotizan mis agotados sentidos.
Vino; siento ansias de vino.
De aquel vino sagrado que inspiró mis primeros días de torpeza creativa.
De aquel vino delirante que acompañó mis primeros amores.
Del mismo que supo cómo asesinarlos.
Del vino que es mi sangre y la tuya.
¿Quieres compartirlo conmigo?
Sin hablar; solo mirarnos a traves de la fulgurante vela.
Y después tocarnos, sin decir nada.
Solo respirando con vehemencia.
Conociéndonos.
¡Ja!
La mitad de mi existencia la vivo en mi cerebro.
Son más plácidas mis películas mentales que las experiencias vividas.
Más plácidas las escenas que creo y recreo.
Más verdaderos los amores que invento en el papel.
Más lúcida la vida que no es vida.
La vida que vivo lejos de aquí.
Solo tengo ansia de vino.
Y de tener con quién compartirlo.
Así saldré de este encierro inveterado y llenaré mi músculo neurótico de nuevas ideas.
Nuevas ideas mentirosas y delirantes; nuevas vidas no vividas.
Anheladas pero lejanas.
Escritas pero inventadas.
Dolidas, no recordadas.
Vino, vino, vino.
Un galón de vino.
Mi reino de tristeza por un galón de vino.
¡Ja, ja, ja!
¡Qué tontería!
Respiro profundo y me consuelo con saber que pronto extenderé de nuevo mis alas empapadas de Baco, y volaré sobre tí. Tal vez tú me acompañes en aquel juego insensato de miradas y caricias. De discursos coherentes que luego se truecan en repetitivos sermones de dolor.
Un nuevo día esperando que su mes termine rápido.
Cuatro de la mañana; escribir, escribir, escribir.
Encerrado en medio de cuatro láminas de concreto pálido e insípido y un closet de puertas de madera mal cerrado.
Aguardando el momento en que vuelvas a mí... galón de vino.
