No más existencialismos.
Intrépida introspección.
Retorno a mis viejos arcanos; polvorientos y olvidados en un rincón de mi asiento. Permanecieron ahí, agazapados, esperando el momento en que a mi mano se le antojara invocarlos de nuevo… como en los tiempos aquellos que ya huelen a tumba.
Renazco y registro con la mirada todo a mi alrededor. Es blanco. Fulgurante; límpido. Como solía ser hace un tiempo. Guardo silencio por unos segundos, tal vez minutos… quizás horas. El tiempo cobra una calidad diferente; ya no cuenta. Solo cuentan mis historias; las que puedo escribir en esas paredes tan blancas como la piel de tu ansiado tobillo.
Y en el papel terso de tu espalda escribiré mis nuevos pensamientos; confiaré a él los nuevos heroísmos que planeo.
Me deshago de mis retratos añejos e invento nuevos espejos… unos que no reproducen las deformidades de ayer. En donde me puedo ver otro; el que siempre he querido ser… parado derechito y con una sonrisa de crema dental, como una herida esperpéntica que atraviesa de un lado a otro mi cara.
El sol sale después de una prolongada tormenta; no hay arco iris ni hay nada… todo es blanco a mi alrededor.
¿Querrías venir a colorearlo conmigo? Solo hacen falta un par de tarros de pintura.
Pensándolo bien, creo que con uno basta; mi habitación no es tan grande y me gusta la idea de compartir algo más contigo… así sea un tarro de pintura.
Es mejor que traigas pincel; los míos están demasiado despelucados y enrevesados por el mal uso que les di.
¿Te asombras?
Pues sí; estoy dispuesto a cambiarlos.
Retorno a mis viejos arcanos; polvorientos y olvidados en un rincón de mi asiento. Permanecieron ahí, agazapados, esperando el momento en que a mi mano se le antojara invocarlos de nuevo… como en los tiempos aquellos que ya huelen a tumba.
Renazco y registro con la mirada todo a mi alrededor. Es blanco. Fulgurante; límpido. Como solía ser hace un tiempo. Guardo silencio por unos segundos, tal vez minutos… quizás horas. El tiempo cobra una calidad diferente; ya no cuenta. Solo cuentan mis historias; las que puedo escribir en esas paredes tan blancas como la piel de tu ansiado tobillo.
Y en el papel terso de tu espalda escribiré mis nuevos pensamientos; confiaré a él los nuevos heroísmos que planeo.
Me deshago de mis retratos añejos e invento nuevos espejos… unos que no reproducen las deformidades de ayer. En donde me puedo ver otro; el que siempre he querido ser… parado derechito y con una sonrisa de crema dental, como una herida esperpéntica que atraviesa de un lado a otro mi cara.
El sol sale después de una prolongada tormenta; no hay arco iris ni hay nada… todo es blanco a mi alrededor.
¿Querrías venir a colorearlo conmigo? Solo hacen falta un par de tarros de pintura.
Pensándolo bien, creo que con uno basta; mi habitación no es tan grande y me gusta la idea de compartir algo más contigo… así sea un tarro de pintura.
Es mejor que traigas pincel; los míos están demasiado despelucados y enrevesados por el mal uso que les di.
¿Te asombras?
Pues sí; estoy dispuesto a cambiarlos.

6 Comments:
No me gustan las sonrisas de crema dental
Un regalo de
Lalopezochoa, envuelto a las 1:56 p. m.
Aún percibo un aire de inconformismo.
No en todo hay amor.
Un regalo de
Lalopezochoa, envuelto a las 1:57 p. m.
Este blog ha sido eliminado por un administrador de blog.
Un regalo de
Héctor, envuelto a las 2:16 p. m.
yo lo leo siempre. sépalo.
Un regalo de
Astrid, envuelto a las 11:13 p. m.
lo sé... siempre lo he sabido. ahora tú sabes que yo lo sé.
sé palo.
Un regalo de
Héctor, envuelto a las 7:00 a. m.
jaja! ese chiste no estuvo malo. ¿Si ve que sí se puede?
Un regalo de
Lalopezochoa, envuelto a las 5:21 p. m.
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