Sometimes i feel like i've been living a wonderless world
¿Qué pasa? ¿Por qué arrugas tu frente? ¿Por qué tus ojos me atraviesan y miran algo detrás de mi carne con tanto desprecio? ¿Esperabas algo diferente? ¿Me imaginaste distinto? ¿Quizás soy menos de lo que suponías?
Desgarbado, mal vestido, taciturno… casi muerto. Diría mejor: asesinado por la vida misma. ¡Eso soy! Ya no soy el mismo niño tierno y delicado de hace unos años; la crueldad no ha dejado de rodearme y las tonalidades de mi casa tienden a ser más que oscuras, aunque me obstine en tinturarlas de rosado. Ya no soy el niño que reía por todo y que te hacía reír en los ocasos… ahora yo mismo soy un ocaso.
Pues sí; ando paralítico y en ocasiones prefiero arrastrarme en el viento del que está fabricada mi pared. Repto sobre la rugosa manufactura del mundo; lacerante. Y permito que el cuerpo al que pertenezco se colme de llagas que no sangran pero emiten lloros coagulados. Mientras tanto tú miras envuelta en ese aire despectivo que tanto te diferencia de los otros. Ese inquietante y hasta desagradable gesto que procura la distancia en la que sueles ocultarte.
Pisadas sobre mármol; pisadas sencillas, de viento, de tierra; pisadas embadurnadas de estiércol seco; pisadas de barro y de corazones heridos; pisadas de miedo, de adiós, de desconsuelo; te piso y me pisas, y ambos somos de viento; del viento de mis paredes y de mis cigarros; hechos del mismo vacío que todas las cosas; de la misma esencia inmaterial, inasible e ininteligible; de la misma nada etérea y evanescente… y sin embargo me miras por encima del hombro… solamente porque no me he vuelto a peinar hace tanto, porque mis ojos reflejan el cansancio, porque mi piel permanece reseca… porque estoy completamente olvidado.
Mi viejo bastón se ha podrido… ha muerto. Todo se aleja de mí a velocidades considerables; no alcanzo a sujetarme de nada. Me quedo solo, parado en medio de la estación, esperando un tren que jamás llegará… el último de la noche ha zarpado ya en aguas poco profundas, y los peones se disponen a recoger del suelo los rieles para evitar su regreso. En ese tren negro, lúgubre, envuelto en sádica humareda, viajas tú; sin mirar por la ventana y sin menear la mano para despedirte… concentrada en tu futuro… borrándome de él…
Y de un libro que reposa en tus manos… un libro que delata tu mentira… no te has dado cuenta que lo sostienes al revés.
Desgarbado, mal vestido, taciturno… casi muerto. Diría mejor: asesinado por la vida misma. ¡Eso soy! Ya no soy el mismo niño tierno y delicado de hace unos años; la crueldad no ha dejado de rodearme y las tonalidades de mi casa tienden a ser más que oscuras, aunque me obstine en tinturarlas de rosado. Ya no soy el niño que reía por todo y que te hacía reír en los ocasos… ahora yo mismo soy un ocaso.
Pues sí; ando paralítico y en ocasiones prefiero arrastrarme en el viento del que está fabricada mi pared. Repto sobre la rugosa manufactura del mundo; lacerante. Y permito que el cuerpo al que pertenezco se colme de llagas que no sangran pero emiten lloros coagulados. Mientras tanto tú miras envuelta en ese aire despectivo que tanto te diferencia de los otros. Ese inquietante y hasta desagradable gesto que procura la distancia en la que sueles ocultarte.
Pisadas sobre mármol; pisadas sencillas, de viento, de tierra; pisadas embadurnadas de estiércol seco; pisadas de barro y de corazones heridos; pisadas de miedo, de adiós, de desconsuelo; te piso y me pisas, y ambos somos de viento; del viento de mis paredes y de mis cigarros; hechos del mismo vacío que todas las cosas; de la misma esencia inmaterial, inasible e ininteligible; de la misma nada etérea y evanescente… y sin embargo me miras por encima del hombro… solamente porque no me he vuelto a peinar hace tanto, porque mis ojos reflejan el cansancio, porque mi piel permanece reseca… porque estoy completamente olvidado.
Mi viejo bastón se ha podrido… ha muerto. Todo se aleja de mí a velocidades considerables; no alcanzo a sujetarme de nada. Me quedo solo, parado en medio de la estación, esperando un tren que jamás llegará… el último de la noche ha zarpado ya en aguas poco profundas, y los peones se disponen a recoger del suelo los rieles para evitar su regreso. En ese tren negro, lúgubre, envuelto en sádica humareda, viajas tú; sin mirar por la ventana y sin menear la mano para despedirte… concentrada en tu futuro… borrándome de él…
Y de un libro que reposa en tus manos… un libro que delata tu mentira… no te has dado cuenta que lo sostienes al revés.

1 Comments:
Aún no entiendo la insistencia para leer el post.
Me gustó
Pero a veces siento que me gustaría saber el trasfondo de lo q usted escribe.
Yo también lo quiero.
Un regalo de
Lalopezochoa, envuelto a las 5:19 p. m.
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