Red poetry and other kaleidoscopic colors

sábado, octubre 21, 2006

Tres

La muerte llama a mi puerta y yo no le he abierto; sin embargo se ha colado no sé por dónde.

Ahora está sentada en la sala, en uno de esos sillones adornados con torpes rayas rojas y negras (siempre he detestado su diseño).

A diferencia de aquel cuento de Borges, esta vez no se ha valido de mi compasión para alcanzarme, sino de la indiferencia con que miraba su acercamiento. Tampoco tengo la opción de despertarme y abandonar la pesadilla… no la estoy soñando; la estoy viviendo (no me interesa saber si es lo mismo; ése ya no es el punto. Es el momento en que deja de ser una mera idea y ahora es experiencia).

Ahora miro con temor las funerarias, los obituarios, las jeringas, las batas, el jugo de mora que se regó en el piso, el paso del tiempo en el funesto reloj, cuán desgastada está la suela de mis tenis sucios y la manera dolorosa y trágica en que la pintura de los muros viejos de mi casa se descascara… dejando ver lo que es en esencia: piedra
O lo que es mejor… polvo.