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¡Oh amores perdidos!, secuelas tristes de febriles rocíos que huelen a otro tiempo de polvo; ¡oh, amores perdidos!, algunos se esconden e incluso no puedo distinguir su apariencia. Otros se ausentan y me piden espera. Otros simplemente cierran la puerta detrás de sí y nunca más vuelven a aparecer. ¡Oh, amores fallidos! Que llegan y van sin pedir permiso, que caminan detrás de mí impidiendo a la sombra nocturna reflejarse. ¡Oh, lamentos de amores! Qué daría yo por ser uno de ellos y así no tener que experimentarlos clavados en mi pecho. ¡Crucifixiones de mármol! ¡Inciensos de muerte! ¡Pasiones de vigilia y adusta abstinencia!
Ojala las palabras me alcanzaran, pero… es que se me corta el aliento… y así mi cerebro muere de hambriento...
Veo tu espalda alejarse de mí … y la tuya… y la tuya también… y la de ése otro amor clandestino… de ése amor crepúsculo, inconstante y ajeno que llenó de eternidad mis andares.
Mejor desaparezco y me ahuyento de mi amor, porque no es merecedor del tuyo, ni del tuyo, ni del tuyo, ni del de aquella espalda que tantas veces besé y de esos pies suaves y pequeños que acaricié con la yema de mis dedos… y de ese color hermoso hasta el patetismo que te pinté en las cejas de tu entorpecido recuerdo.
Y es que ya no me cabe nada más en el pecho… nada… solamente… tal vez…
Sí; eso… estábamos pensando en lo mismo.
