Red poetry and other kaleidoscopic colors

jueves, noviembre 30, 2006

???

¿Cómo compartir tantos amores? ¿Dónde poner el corazón si no encuentro ninguna bandeja o plato baldío? ¿Es conveniente repartirme en pedazos o será mejor olvidarte a ti a ti y a ti y así quedarme con demasiado espacio para mi mismo? ¿Será que sólo puede un amor ser responsable de mi arrugada tristeza? ¿Sólo uno? ¿Y aquellos otros cientos dónde los meto? Están empezando a reclamar su lugar y su tiempo, y mis manos se trenzan en patéticos discursos ininteligibles y distantes, que no evidencian otra cosa que deseo y culpa… deseo y culpa… deseo y culpa que me crema las vértebras y confunde los anhelos… me convierte en otro que no soy o que quizás sea pero hasta hoy encuentro.

¡Oh amores perdidos!, secuelas tristes de febriles rocíos que huelen a otro tiempo de polvo; ¡oh, amores perdidos!, algunos se esconden e incluso no puedo distinguir su apariencia. Otros se ausentan y me piden espera. Otros simplemente cierran la puerta detrás de sí y nunca más vuelven a aparecer. ¡Oh, amores fallidos! Que llegan y van sin pedir permiso, que caminan detrás de mí impidiendo a la sombra nocturna reflejarse. ¡Oh, lamentos de amores! Qué daría yo por ser uno de ellos y así no tener que experimentarlos clavados en mi pecho. ¡Crucifixiones de mármol! ¡Inciensos de muerte! ¡Pasiones de vigilia y adusta abstinencia!

Ojala las palabras me alcanzaran, pero… es que se me corta el aliento… y así mi cerebro muere de hambriento...

Veo tu espalda alejarse de mí … y la tuya… y la tuya también… y la de ése otro amor clandestino… de ése amor crepúsculo, inconstante y ajeno que llenó de eternidad mis andares.

Mejor desaparezco y me ahuyento de mi amor, porque no es merecedor del tuyo, ni del tuyo, ni del tuyo, ni del de aquella espalda que tantas veces besé y de esos pies suaves y pequeños que acaricié con la yema de mis dedos… y de ese color hermoso hasta el patetismo que te pinté en las cejas de tu entorpecido recuerdo.

Y es que ya no me cabe nada más en el pecho… nada… solamente… tal vez…

Sí; eso… estábamos pensando en lo mismo.

jueves, noviembre 23, 2006

Hoy amanecí con ganas de Miguel Hernandez, de dolor y de luto.

16


Una querencia tengo por tu acento,
una apetencia por tu compañía
y una dolencia de melancolía
por la ausencia del aire de tu viento.

Paciencia necesita mi tormento,
urgencia de tu amor y galanía,
clemencia de tu voz la tuya mía
y asistencia el estado en que lo cuento.

¡Ay, querencia, dolencia y apetencia!:
me falta el aire tuyo, mi sustento,
y no sé respirar y me desmayo.

Que venga, Dios, que venga de su ausencia
a serenar la sien del pensamiento
que me mata con un eterno rayo.

Segundo

13

Umbrío por la pena, casi bruno,
porque la pena tizna cuando estalla,
donde yo no me hallo no se haya
hombre más apenado que ninguno.

Pena con pena y pena desayuno,
pena es mi paz y pena mi batalla,
perro que ni me deja ni se calla,
siempre a su dueño fiel, pero importuno.

Cardos, penas, me ponen su corona,
cardos, penas, me azuzan sus leopardos
y no me dejan bueno hueso alguno.

No podrá con la pena mi persona
circundada de penas y de cardos...
¡Cuánto penar para morirse uno!

Tercero

25

Yo sé que ver y oír a un triste enfada,
cuando se viene y va de la alegría
como un mar meridiano a una bahía
esquiva, cejijunta y desolada.

Lo que he sufrido y nada, todo es nada,
para lo que me queda todavía
que sufrir el rigor de esa agonía
de abocarme y ver piedra en tu mirada.

Me callaré, me apartaré (si puedo),
con mi pena constante, instante, plena,
a donde ni has de oírme ni he de verte.

Me voy, amor, me voy, pero me quedo,
pero me voy, desierto y sin arena.
Adiós, amor; adiós hasta la muerte.

Tomados de EL SILBO VULNERADO (1934)

martes, noviembre 21, 2006

Hipódromo

Sujeto a la indolencia de tu invierno. Agarrado a la solapa de tu chaquetón, dejándome llevar por el vaivén indeterminado de tus insinceridades.

Tu pelo aromatiza mis aires y despeja la congestión de mis sienes. No importa que des la espalda y ni me mires, tu pelo en mi cara ya es bastante. No importa que no pueda comerte con la mirada, ya tengo guardadas en una pequeña caja de cartón las gotitas de hierbabuena que de tu sombra se destilan. No importa que te sea indiferente la insolencia que mis pisadas prometen cuando se sueñan vadeando tu piel… por ahora solo permites vadear los pantanos de tu recuerdo informe.

Recuerda, ángel caído, quién fue el que cortó tus podridas alas; recuerda también a quién acudiste en busca de consuelo y algunas cuantas provisiones. No olvides el sendero que abollaste con el peso de tus memorias; no olvides la carreta, el barril, el hacha y la leña. No olvides la frágil levedad de mirarnos extendidos sobre la hierba, ni la carta amorosa, ni el vacío, ni el relato, ni el realismo de mi tacto en tu piel calurosa.

Recuerda amada mía, que mi vientre es tu palma sobre la mía, que tu poesía vierte margaritas en mi sueño, que tu azul navega en mi confianza, que la aspereza de tus ciudades al roce de mis ojos se torna en coros de canturreos providenciales, que mis comas se hacen innecesarias porque alargo el aliento pensando que así podré decirte todo lo que en mi mente se teje de ti… y ruego para que el ovillo alcance. Y que mis fuerzas sean vastas para poder escalar la torre y enfrentar al dragón temeroso de mis armaduras… y ruego que la vida me alcance para que mis zapatos te alcancen, te sobrepasen y luego me alcances… para seguir jugando el mismo juego toda la vida.

Yo te alcanzo y te sobrepaso.
Tú me alcanzas; con vehemente temeridad me sobrepasas de nuevo.
De coraje me valgo para correr sobre camino espinoso sabiendo mis botas muy desgastadas; pero te alcanzo…
Te alejas... me aferro a ti; te alcanzo y te dejo.
Me alcanzas... sigues de largo...
Y yo...


..
.

sábado, noviembre 18, 2006

Homenaje

¿Cómo me compongo yo en el día de hoy?
¿Cómo me compongo yo en el de mañana?
¿Cómo me compongo yo, si vivo triste?
¿Cómo me compongo yo? Me duele el alma.

Yo quiero pegar un grito y no me dejan.
Yo quiero pegar un grito vagabundo.

(Bueno; esta última parte dista de ser genial, a comparación del resto de la pieza.)

Yo quiero decirte adiós, adiós mi vida.
Yo quiero decirte adiós, desde este mundo.

(Esto es sabiduría popular)

Guillermo BuiTRAGO

viernes, noviembre 17, 2006

Es realmente bueno, lo recomiendo.

Take it back, take it back, take that thing right out of here.
Right away, far away, take that thing right out of here.

Don't let them take me to where streams are red.
I want to stay here and sleep in my own bed.
Need all your loving, long blonde hair,
Don't let them take me cause I'm easily scared.

Take it back, take it back, take that thing right out of here.

I got this great need, the need to stay alive.
Not ashamed of my creed, I've got to survive.
So come on baby, don't go away,
Just let them save me for a rainy day.

Take it back, take it back, take that thing right out of here.

I've got this thing, I've got to keep it sharp.
Don't go to places where it won't shine in the dark.
So come on baby, don't go away,
Just let them save me for a rainy day.

Take it back, take it back, take that thing right out of here.



Adivinen cómo se llama la canción?

Take it back
Cream - Jack Bruce, Ginger Baker, Eric Clapton.
Del álbum: Disraeli Gears (1967)

Respaldo

Casi mudo, repleto de esperpéntico dulzor; abarrotado de humedades y de tumores de procedencia que desconozco. Subestimé las columnas, los asideros, las montañas, las tumbas, los cráteres, los infiernos… y ahora pago las consecuencias… ahora que entiendo la calidad de sus fortalezas.

Las flores que a otro adjudicas se enternecen en mi regazo, consolándome, apagando la ociosa necedad de doblarte en mil pedazos y meterte en mi bolsillo, de regreso.

Coma… y punto seguido y final. Título. Imprenta. Serie. Risa. Tos. Evangelio. Invierno. Nuevo libro. Más lluvia.

Ventana sin espectro; así me obstine en esperarlo. Mis colibríes se marchitan mientras tanto; ya no visitan viejas colmenas y es así que mueren de carencia.

Casi mudo, inerme en intenciones y fugado de pretextos, mantengo a flote mi cantera y camino sus senderos de hierbas malditas y de flores erróneas, vestidas para otro. Se me agota la tierra y minúsculas partículas de polvo cerámico y pesado se anidan en los dos o en ninguno de mis ventrículos.

Coma… y punto suspendido; lejano. Camino. Octavo. Claustro. Alero. Cansancio. Pinza. Clavo. Nuevo andar. Más poemas.

Puerta sin vano; así me obstine en seguir entrando y saliendo. Suicidios de menta se huelen en el aire; renacimientos de perlas aéreas y vuelos de unicornios establecen el perímetro del que ahora debo prescindir. Señalan también un trecho más claro que el enrevesado y brumoso que decidieron mis pasos la última vez.

miércoles, noviembre 15, 2006

Lapsus

No recordaba lo aburrido que resulta hablar contigo. No tuve en cuenta la pesada sensación que caracteriza tu encuentro. Sin embargo me senté frente a ti, justo en la mesa de la ventana que da a la calle en aquel mal llamado “pub” ubicado en los suburbios. Nunca me he podido explicar por qué escogiste ese lugar para el reencuentro; es incómodo, estrecho hasta la saciedad, asfixiante. Quizá era eso lo que querías: asfixiarme de preguntas sin respuesta, de mensajes sin correspondencia, de lágrimas sin pañuelo, de ansiedad y cajas de cigarrillos vacías… se me ocurre que eso querías.

Y bien; me siento en la descuadernada sillita con la intención de no retener demasiado mis posaderas mal proporcionadas en ese lugar tenebroso. La mirada también se muestra determinada en no mirarte demasiado… quiere hacerlo solamente cuando no me estés mirando; aunque no sé si encuentre alguna diferencia. Al fin y al cabo estuvimos tanto tiempo juntos que ya sabemos mirarnos sin mirarnos y escucharnos sin hablar y … esencialmente soportar; a eso sí que aprendimos.

Eso de la tolerancia es un concepto bastante nefasto; implica tener las tripas bien fuertes y una contextura que sepa lidiar durante años con la rabia y la frustración inexpresada sin que se produzca un colapso dentro del organismo del sujeto que la experimenta. En eso pensaba yo mientras hablabas tratando de eludir el llanto, contándome de tus travesías y de las tristezas parisinas que embriagaron el último par de años de tu penosa existencia.

Penosa lo digo por decir, por utilizar algún adjetivo despampanante y ampuloso que me haga quedar bien. La verdad es que eres una persona bastante afortunada; al igual que lo soy yo. Mi egocentrismo me impide aceptarlo con facilidad, pero, a pesar de todo lo que pasó entre nosotros, puedo decir que eres una mujer muy… ehm… ¿cómo decirlo sin que me resulte tan incómodo? … mmmhhh… ¿talentosa y valiosa? Sí; eso… talentosa y valiosa. ¡Sí! … aunque a veces un poquitico perra y cabrona.

En fin… solo lo pensé y nunca se lo dije. Era un poco menos incómodo así; aceptándolo como un secreto íntimo y sin necesidad de decírselo.

Uffff… ¿Que si me he quitado un peso de encima? ¡Lo he lanzado contra una esquina y en su rebote se ha aventado hacia la nada! Creo que aquella escoliosis empezó a corregirse.

“¡Cálmate!”, habría podido decirle. “¡Descuida!”, quizá habría sido una buena opción. “¡Cuentas conmigo!”... bueno; eso habría sido demasiado avezado.

Pero no; nada. Ni siquiera una despedida ligeramente comedida. Solamente pagué sus tragos (que por primera vez sobrepasaron en cantidad a los míos) (quizá por el enajenamiento del que yo era presa) (perdonen por el abuso del paréntesis) y me levanté de la mesa. Le dije adiós con una sonrisa y por primera vez no me empapé de sus penas y no permití que ella se tragara las mías.

Caminé por la calle atestada de gentes, con la mente tranquila y el andar cavilante… aumentando las pisadas sobre el asfalto, y con los residuos de mi cigarrillo, la inmundicia de la ciudad.

sábado, noviembre 11, 2006

Sin título alguno. O bueno; tal vez sí.

Maya

Tejido de embustes.

Solidificación ilusoria de pensamientos.

Red de la eterna mentira en la que estoy yo envuelto.

Vibraciones etéreas, materia prima de mi tímida existencia.

Sustento de todas las cosas y sin embargo columna endeble de equivocadas reminiscencias.

Fuente de todos los colores y a pesar de eso sustrato ininteligible y ciego, mudo, sordo, pálido.

Intento fantasioso de aliviar la separatividad irreparable y castigadora que implica mirar el mundo.

Sensación de olvido de lo cierto y de creencia de lo insulso; de abandono en la caída falsa y en el salto irrespetuoso.

Pero hay novedades que hacen cambiar el rumbo de la perspectiva y el punto en donde el ojo se fija inescrupuloso.

Volver al milagroso entretenimiento de la nada absoluta y del sentirse bien con absolutamente nada.

Que los chips de la ausencia se reconfiguren y alaben primigenios dioses, mucho más simples.

El azulejo es amarillo como el viento y la sal está tan coloreada de dulzura, que empalaga.

Y me coloreo tanto de ti que enloquezco de añoranza y sacrifico segundos de libertad.

Darse un par de minutos para respirar el mismo aire que otros han respirado ya.

Y que resulta siendo el mismo aire del que estamos hechos tú y yo.

Que no es aire sino oro, yeso, piedra, timbre, puerta… tú.

Porque me es imposible desprenderme del melodrama.

¡Oh! ¿Qué será? !!!!

No es la soledad lo que causa mi tristeza; llegué a esta conclusión al darme cuenta cuán a gusto me siento estando conmigo.

Entonces me quedé sin motivos con qué justificarla.

Mmmhhh...
... y un par de segundos de incómodo silencio.

Pienso.
Aún sigo intentando encontrar algun motivo.

Tal vez no lo haya y mi pena sea injustificada… autoinflingida... y anacrónica. Sí; de eso sí estoy seguro... ha perdurado a través de muchos tiempos... quizá demasiados.

Se me ocurre que tal vez la causa sea el abandono… sí; esa es… ¿o no? Tal vez sea la incertidumbre. ¿O no?

O tal vez...

¡Bah! Tal vez sea nada.

miércoles, noviembre 08, 2006

Desavenencias entre ansiedades


Sentado frente al papel; víctima de una anémica cuota de inspiración. Masca la tapa del lapicero de la manera más abyecta y lejana a la decencia posible. Su figura desgarbada no puede otra cosa que causar inquietud, y aún más si se le mira a través del influjo fulgurante de la vela que reverbera frente a su rostro.

El impulso incontenible de realizar sobre sí un corte transversal para luego exponer sus vísceras sobre la mesa y mirarlas con detenimiento científico, no le permite conciliar la tranquilidad en las terminaciones nerviosas de sus miembros. El sujeto se empeña en prolongar dentro de sí la existencia de ese impulso neurótico e inescrupuloso con el objeto quizá estúpido de definir el malestar mismo, estudiarlo y vencerlo atacándolo en sus puntos débiles. Sensación itinerante que de manera inexplicable trasiega por diferentes partes de su cuerpo; en especial aquellas que se caracterizan por su inmaterialidad.

Entonces prefiere levantarse del asiento dejando sobre la mesa el boceto mediocre que alcanzó a dibujar después del almuerzo y que repisó producto del aburrimiento las últimas seis horas. Sus rodillas casi petrificadas por el cansancio despiden sonoros lamentos, su corazón anda despacio y sus pisadas son cada vez menos vigorosas. Sabe que una buena taza de helado podrá calmar su inquietud, por eso se dirige al refrigerador con esa sonrisa complaciente y tonta del que cree saber la banalidad que necesita para poner fin a sus inquietudes trascendentales.

Abre la puerta del congelador, inspecciona su mediocre contenido, descarta la bolsa de leche abierta con descuido, el pedazo de pastel a medio comer de su último cumpleaños, la pechuga de pollo asada que le trajo su preocupada madre el fin de semana… sin embargo algo llama su atención; hay algo allí fuera de orden. Algo que él jamás había visto. Aún no logra dilucidar con exactitud lo que es, pero su aspecto exterior no puede producir otra cosa que asco. Con cierto apremio asoma la cabeza dentro del refrigerador tratando de ver más de cerca aquello que a él se le antoja una grotesca y grosera escultura.

Un papel tosco, barato y ensangrentado envuelve algo que parece ser un pedazo carne. Él estira la mano y a medida que descubre lentamente el objeto de su inspección, se apodera de sí un profundo estremecimiento.

¡Una mano! Con sus dedos, sus uñas y su historia. ¡Una mano de otro ser igual a él! ¡Quizás de él mismo!

Presa del horror suelta la envoltura. Sin entender ni un ápice lo que está sucediendo, retira su mano con pasmosa lentitud.

La mano se mueve. Él se paraliza. La mano estira sus dedos agonizantes como queriéndolos despertar de algún sueño milenario. Él no atina a decir palabra alguna ni a moverse. La mano se desliza quedamente sobre la superficie del cubículo; sus movimientos son una perfecta emulación de aquella tarántula que vimos en ese paraje de clima templado (¿aún la recuerdas?).

Después de unos segundos de tenso silencio, la mano se lanza sobre él, aferrándose del brazo que aún no termina de alejarse del refrigerador. Horrorizado, el hombre trata de desprenderse de ella, pero sus esfuerzos son vanos, la mano sin brazo y sin hombre arrastra al artista hacia el refrigerador y lo obliga a entrar estrepitosa e inevitablemente.

La puerta se cierra.

Lo único que se escucha es un leve quejido.

-Tengo frío- dijo.
Y YA.

lunes, noviembre 06, 2006

Después de mucho tiempo

Aquel día quise no creer en nada. Quise perfumar de incredulidad mis intenciones, pero cuando creí que nada creía, me horroricé al enterarme de que quizá era el mayor de los creyentes.

Borré de mi memoria todo vestigio de un ser divino, desempotré de mis paredes cientos de imágenes que escondían su contorno, quemé sus versículos y supuse un mundo carente de cosmogonías. Me supuse a mí mismo sin alma y te supuse a ti inexistente (a pesar de que aún te seguía tocando y tu calor paladeaba mis dolores).

Derroté mis torpes bosquejos de ética y derrumbé mi moral con la esperanza de acallar su molesto rumor para siempre… y aún así, mi vida seguía aferrada al mismo principio divino.

Añoranza de aquellos días en que fui uno con todo; de aquellos días en que fue mi preñez acuática lo único que importaba. Aquellos días de bosques y gritos; de hachas y palas; de acusaciones enceguecidas y gemidos pasajeros; días de ti y de mí; de tu sombra agarrada a mi pie y de mi mano aferrada al cigarrillo que libera al viento sus cenizas, de la misma manera en que la vida se me escapa de los eternos jardines colgantes que construí para tu agrado y que nunca disfrutaste.

Quisiera no creer en nada… quisiera creer que no me han creado… quisiera creer que me quieres y que no me dejarás solo cuando llegue el momento de hacerlo… quisiera creer que de nada sirve mi llanto… quisiera dar rienda suelta a mi creencia de creer en nada… creyendo no creer lo que creo y lo que a mí me crea y recrea… teniendo conciencia de que no hay escape y es inevitable que me hagan creer lo que no es cierto... que me hagan creer que ya no existo… que me hagan creer que no he existido… que tú me hagas creer que me estás leyendo y que en algún momento del día recordarás mis palabras.

Pero aún creo en las rosas y en el pétalo azul de las que tengo prisioneras en mi casa. Creo en el amanecer y en su muerte suculenta; creo en tu beso húmedo de vino; creo en mi sol, en mis estrellas, en mi luna, en los collares de piedras rojas que tú misma has construido, en las tardes de nieve que pasaste conmigo.

Creo también en la muerte… en realidad pensar en ella es lo que me ha llevado a expulsar este torrente de palabras desiguales y en desuso. Frases inútiles y sin sentido que no reafirman las creencias que tengo ni tampoco ayudan a evidenciar sus inconsistencias.