Red poetry and other kaleidoscopic colors

viernes, noviembre 17, 2006

Respaldo

Casi mudo, repleto de esperpéntico dulzor; abarrotado de humedades y de tumores de procedencia que desconozco. Subestimé las columnas, los asideros, las montañas, las tumbas, los cráteres, los infiernos… y ahora pago las consecuencias… ahora que entiendo la calidad de sus fortalezas.

Las flores que a otro adjudicas se enternecen en mi regazo, consolándome, apagando la ociosa necedad de doblarte en mil pedazos y meterte en mi bolsillo, de regreso.

Coma… y punto seguido y final. Título. Imprenta. Serie. Risa. Tos. Evangelio. Invierno. Nuevo libro. Más lluvia.

Ventana sin espectro; así me obstine en esperarlo. Mis colibríes se marchitan mientras tanto; ya no visitan viejas colmenas y es así que mueren de carencia.

Casi mudo, inerme en intenciones y fugado de pretextos, mantengo a flote mi cantera y camino sus senderos de hierbas malditas y de flores erróneas, vestidas para otro. Se me agota la tierra y minúsculas partículas de polvo cerámico y pesado se anidan en los dos o en ninguno de mis ventrículos.

Coma… y punto suspendido; lejano. Camino. Octavo. Claustro. Alero. Cansancio. Pinza. Clavo. Nuevo andar. Más poemas.

Puerta sin vano; así me obstine en seguir entrando y saliendo. Suicidios de menta se huelen en el aire; renacimientos de perlas aéreas y vuelos de unicornios establecen el perímetro del que ahora debo prescindir. Señalan también un trecho más claro que el enrevesado y brumoso que decidieron mis pasos la última vez.

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