Red poetry and other kaleidoscopic colors

sábado, diciembre 23, 2006

No me explico.

¿De dónde te vienen las ganas de interponer ese malecón que mezquino rompe las olas de mis quereres?

¿De dónde sacas ahínco para levantar frente a mí esa atalaya desde la que tus guerreros derriban los míos cuando intentan acercarse a tu fortaleza?

¿Y esa muralla altiva con qué pincel la has pintado? ¿Por qué tu lienzo destila distancia? ¿Y la conjugación de tus colores por qué sabe a desagrado?

¿Y ése empeño de volverte fuerte ante mi delicadeza? ¿Y esas respuestas que dejan mi pluma inerme? ¿De dónde las sacas?

¿Cómo haces para procurar la temperatura perfecta en que el lazo se rompe? ¿Cómo haces para olvidar que entre los dos lo hemos tejido?

Conviertes el lazo en horca, las olas en sofoco, la fortaleza en tumba, la muralla en piedra en el zapato, la fuerza en insolente agresión, las respuestas es signos equívocos y excluyentes, la temperatura en injuria dolorosa, y mi literatura la conviertes en trapo viejo que seca tus inhóspitas humedades… en aerosol que disimula el enmohecimiento de tu recuerdo… en mascarilla que cubre las grietas de mi ineludible dolor… en sopor melancólico que aguanta las horas de tu ausencia… en lámpara fúnebre que intenta alumbrar mi caverna… en sílaba cacofónica, macilenta, adusta, muda, desafinada, inútil, pobre, ausente, ensimismada, loca, putrefacta, tonta…

martes, diciembre 19, 2006

Pequeño

A veces me siento más cómodo observando al perro que al amo.

Después disfruto quedarme pensando por qué.

domingo, diciembre 17, 2006

Deseo inescrupuloso.

Cuánto me gustaría fabricar una caricia a tu medida.
Le imprimiría más delicado ímpetu a mis manos si pudiera.
Con exactitud mediría la presión que mis dedos ejercen sobre tu preciosa cubierta.
Y ningún recodo de tu cuerpo escaparía a la minuciosa pesquisa.
Delicada y minuciosa… silente; acompasada quizá con los delirios de tus respiraciones.

O inventarme un beso que encajara perfecto en tu cuerpo.
Le procuraría la temperatura adecuada, y así enloquecerte.
La intensidad necesaria para que los labios se mezan en una indecible y vaporosa danza.
Y ninguna porción de tu contorno quedaría exenta de la deliciosa afrenta.
Deliciosa y considerada… sin contenciones ni molestias; sin barreras ni respuestas.

Expuestos los dos a la eterna e indudable unión… a la eterna e indudable simetría.

¡Ah! ¡Cuánto me gustaría!

viernes, diciembre 15, 2006

Cambio.

Una luz.

A pesar de que no estoy inmerso en algún túnel lóbrego o preso en un cajón mortuorio.

Una luz.

No sé si al final o al comienzo; no me encuentro en una tubería añeja ni en un barril sin fondo.

Y sin embargo ahí, allí… una luz, constante, plena… lejos.

A pesar de que no es un universo vacío en el que estoy contenido, a pesar de que no es una ennegrecida vena la que me transporta, a pesar de que no es tu consejo hueco el que me instruye.

Quizás sea solo esta soledad umbría lo que cobija mi temor. Con el tiempo ha tomado la forma de manto eterno, de cortina sin ventana, de mantel sostenido por el viento, de pétalo que navega sin flor, de tiranta que ha perdido tensión, de mueca baldía, de persiana atascada, de pensamiento sin destino…

Y una luz.

Después de semanas de melancolía sin fin, decido liar los bártulos, mudar mis viejos ropajes y llenar de nuevos aires mis agujereados pulmones.

Salgo en busca de aquella hipotética e informe visión que anhelan mis ansiedades. Mis pies andan penosamente, arrastrándose sobre terreno desconocido. Si por el miedo fuera, se quedarían atascados en ese mundo de lodo que mis sienes dibujaron con precipitud hace ya tiempo. Si por el miedo se dejaran guiar, mis pies preferirían lo concreto, lo ya conocido.

Pero no; una luz hay y una luz me procuraré.

Ya no acepto más invectivas abyectas contra mí mismo; es la hora de dejar todo atrás y cambiar mi casaca. Mis municiones son para otra guerra; ya suficiente tiempo llevo desperdiciándolas en ésta.

Me cargo el fardo de mis memorias al hombro… y salgo. Una o dos lágrimas corren por mis mejillas; y no las juzgo como en otros tiempos.

Camino más tranquilo aunque transido por el temor.

Sigo… enhiesto, mudo, constante, pleno.

Y no ruedo; ando… hacia allá… hacia la luz.

Me pregunto por qué no se hará más grande en la medida en que se acercan mis pasos a ella.
El tiempo se encargará de responder.

sábado, diciembre 09, 2006

Cólera del débil.

Me harté.

¿Es que soy un bicho tan raro?

Me harté de que huyas de mí cuando ves mi esqueleto viniendo hacia ti en el recodo de la callejuela.
De que te hagas negar cuando llamo a tu teléfono.
De que me mires con los ojos esponjosos y un rictus de profunda extrañeza.
De que te moleste mi barba, y de que cuando me la quite me digas que debí dejarme sólo los pelos del mentón.
Cansa que conviertas mi conversación en discursos crípticos con millares de interpretaciones.

Y sí; el culpable soy yo, que me obstino en ser un bicho raro.

Me fastidia que me digas que me quieres y que sólo me utilices cuando todos los demás te han dejado.
No puedo entender como a tus ojos soy menos persona que cualquiera, solamente porque escribo y no salgo de mi cuarto a tomar el sol.
Solamente porque sólo salgo de noche y no me canso de darle vueltas a la misma cuadra de mi barrio, entonces soy alguien que no merece escuchar tus palabras y no merece verte a la cara.

Si yo soy un bicho raro, ¿entonces qué puedes ser tú?
Quisiera no pensarlo. Tengo mucha rabia.

¿Y es que las ideas que cruzan por mi cabeza son tan extrañas y carentes de sentido?
¿Y es que el llanto que me produce una mujer pobre me hace un pusilánime y patético ciudadano?
¿Y es que las historias que te cuento entonces son tan vacías?
¿Y es que mis palabras no cobran sentido en ninguna de mis frases aunque me esfuerce en construirlas con la mayor perfección posible?

¿Debería entonces guardar silencio para complacer a todos aquellos que no quieren escucharme y encuentran incómodo mi discurso?

Bah! No tienes el valor para decirme de frente que no te busque más y que no te vuelva a pedir que nos encontremos.

Yo sí tengo el valor para decirte que no cuando me llames llorando e implorando ayuda, porque sé que soy la última persona a la que llamas… y quizás con la que menos quisieras hablar.

Y sí; soy un hombre y lloro compulsiva, trágica y frecuentemente.

Y no guardaré silencio aunque me cortes la lengua. Al fin y al cabo mis palabras ya no se dirigirán a ti.

jueves, diciembre 07, 2006

Luto

El hijo de esa mujer ha muerto.

Por eso a ella ahora se le ve seca, ojerosa y macilenta.

El hijo tocaba un piano mediocremente fabricado.

Ahora el piano suena, quizás no con la misma virtuosidad que antes, pero sí mucho más melancólico y plagado de invitaciones al dolor.

Es difícil pasar frente a su puerta y escuchar aquel gemido.

Es imposible no detenerse y comprender.

La mujer es quien toca el piano ahora, por supuesto.

miércoles, diciembre 06, 2006

Comentario

Después de disfrutar de las genialidades que nos ofrece en su “Naturaleza Sangre” no puedo evitar sentirme grandemente decepcionado después de pasar una tarde tomando un buen vino y escuchando el último disco de aquel (quizás sea una exageración decir esto pero es lo primero que pensé después de escuchar su disco) otrora glorioso canta autor que ha hecho las delicias de cientos de congregaciones sectarias de amigos y enemigos alrededor del mundo.

¡Coño! ¿Qué te pasó, Fito? ¿Te volviste evangélico o qué mierdas? (Con el debido respeto que me merece esta secta... mi abuelita pertenece a ella)

Además andar hablando mal del trabajo de otros, cuando el tuyo da la impresión de ser apenas un ejercicio de aburrimiento, no te deja nada bien. Tú eres grande; no hay necesidad de juzgar y desaprobar tan cruelmente el trabajo de tus colegas (a pesar de lo excesivamente pop que se comporten).

Quisiera poder decir algo más agradable, pero es imposible; me duele.

Lo que me hace enrabiar de esta manera, es que me compré el disco original en una de las tiendas musicales más caras de mi país, pensando en que sería ése un modo de honrar el nombre y el bolsillo de un músico excepcional como vos.

En fin; me consuelo con recordar lo hermoso que es el diseño de la carátula y en general la dirección de arte gráfico del disco. La música… deja mucho qué desear... en este momento deseo escucharla lo menos frecuentemente posible.

Pero bueno… como para los gustos son los colores… existirán muchos otros que disfrutarán sobremanera este disquito (perdón que lo llame así, pero es lo único que se me ocurre después de compararlo con álbumes que contienen canciones como “Sasha y Sissí…”, “Dejaste ver tu corazón”, “El jardín donde vuelan los mares”, “Rey Sol”, “Volver a mí” y otros tantos…) (qué hp paréntesis tan largo; lo siento, trataré de evitarlo en ocasiones posteriores)... y pues ellos que lo disfruten... a mí me aburre terriblemente.