Red poetry and other kaleidoscopic colors

jueves, diciembre 07, 2006

Luto

El hijo de esa mujer ha muerto.

Por eso a ella ahora se le ve seca, ojerosa y macilenta.

El hijo tocaba un piano mediocremente fabricado.

Ahora el piano suena, quizás no con la misma virtuosidad que antes, pero sí mucho más melancólico y plagado de invitaciones al dolor.

Es difícil pasar frente a su puerta y escuchar aquel gemido.

Es imposible no detenerse y comprender.

La mujer es quien toca el piano ahora, por supuesto.