Luto
El hijo de esa mujer ha muerto.
Por eso a ella ahora se le ve seca, ojerosa y macilenta.
El hijo tocaba un piano mediocremente fabricado.
Ahora el piano suena, quizás no con la misma virtuosidad que antes, pero sí mucho más melancólico y plagado de invitaciones al dolor.
Es difícil pasar frente a su puerta y escuchar aquel gemido.
Es imposible no detenerse y comprender.
La mujer es quien toca el piano ahora, por supuesto.
Por eso a ella ahora se le ve seca, ojerosa y macilenta.
El hijo tocaba un piano mediocremente fabricado.
Ahora el piano suena, quizás no con la misma virtuosidad que antes, pero sí mucho más melancólico y plagado de invitaciones al dolor.
Es difícil pasar frente a su puerta y escuchar aquel gemido.
Es imposible no detenerse y comprender.
La mujer es quien toca el piano ahora, por supuesto.

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