Bob el constructor
Un castillo de palabras que los alisios boreales no derrumben.
Un tapiz de construcciones gramaticales que proporcione suavidad a la tosca dureza del cinismo.
Una canción con puntos y comas que para respirar les dé tiempo a tus intranquilidades.
Un nudo estrecho de consonantes con el que mi mano se amarre a la tuya.
Una clave de sol forjada en mayúsculas, para que mis roncos gemidos por tu locura sean oídos.
Un amanecer que quepa en cualquier paréntesis; que se articule en la mala delineación de tu espacio cuando intenta alejarse del mío.
El olor del sándalo atrapado en las cortantes esquinas de ciertas páginas… las que cuentan nuestras desavenencias… buena forma de aligerarlas.
La húmeda fragancia de tu pie en la arena, traída a la vida a través de la simple crudeza de un epíteto.
Un diccionario que le dé significado a tu latir cuando siente muy cerca el mío.
El sinónimo adecuado para ajustar la pasión que a tus ojos deslumbra y que es la misma que mi pulmón derecho respiró ayer.
El antónimo de este amor inmortal y loco que libera de nieblas mi heroísmo. La contradicción a esta pasión absoluta. La fuerza necesaria para contener esta tormenta de caramelo que me empapa y me hace adicto a ti.
A tu beso, a tu cuello, a tu pálpito inadecuado, a tu intuición equivocada, a tu risa, a tu pelo, a tu infortunio, a tus golpes y respectivos hematomas, a tu intranquilidad, a tu súplica, a la mía… y a estas 258 palabras que ahora te escribo.
Un tapiz de construcciones gramaticales que proporcione suavidad a la tosca dureza del cinismo.
Una canción con puntos y comas que para respirar les dé tiempo a tus intranquilidades.
Un nudo estrecho de consonantes con el que mi mano se amarre a la tuya.
Una clave de sol forjada en mayúsculas, para que mis roncos gemidos por tu locura sean oídos.
Un amanecer que quepa en cualquier paréntesis; que se articule en la mala delineación de tu espacio cuando intenta alejarse del mío.
El olor del sándalo atrapado en las cortantes esquinas de ciertas páginas… las que cuentan nuestras desavenencias… buena forma de aligerarlas.
La húmeda fragancia de tu pie en la arena, traída a la vida a través de la simple crudeza de un epíteto.
Un diccionario que le dé significado a tu latir cuando siente muy cerca el mío.
El sinónimo adecuado para ajustar la pasión que a tus ojos deslumbra y que es la misma que mi pulmón derecho respiró ayer.
El antónimo de este amor inmortal y loco que libera de nieblas mi heroísmo. La contradicción a esta pasión absoluta. La fuerza necesaria para contener esta tormenta de caramelo que me empapa y me hace adicto a ti.
A tu beso, a tu cuello, a tu pálpito inadecuado, a tu intuición equivocada, a tu risa, a tu pelo, a tu infortunio, a tus golpes y respectivos hematomas, a tu intranquilidad, a tu súplica, a la mía… y a estas 258 palabras que ahora te escribo.
