Red poetry and other kaleidoscopic colors

jueves, octubre 19, 2006

Viceversa

Tu sonrisa me avienta al monte y yo me lanzo en búsqueda de olores matutinos; en el agua, en el haz de luz que se coló por algún intersticio de la cortina, en las arrugadas sienes de tu pensamiento, en el pavimento que se retuerce con el calor de la lluvia, en el desagrado de mi vecino, en la prominente vena que exhibe la frente del mecánico, en las manos de un pescador, en los ojos del sordo que se asoma en la ventana a las cuatro de la mañana, en los libros que me saben a Europa, en el vino tinto y el té, en los amigos que aún no conozco, en el amor del que carezco…

Huelo a sándalo y avena.

Mis papeles están perfumados con tristeza y mi piel se tiñe con tu dulzura.

Dulzura momentánea y secreta… ni siquiera tú misma has notado su existencia. Lo confieso; yo he tenido que hacer un gran esfuerzo para atisbarla y reconocer su presencia indudable.

¿O es que aún te cabe algo de duda?

¿Te queda espacio para incertidumbres?
¿No estás ya repleta?

Deshazte de una ligera porción y sal a caminar conmigo al parque; sin cogernos de la mano, sin tararear una canción conocida, sin gente, sin mundo, sin marañas de cicatrices y miedos, con los nervios atemperados y la mirada dulcemente penetrante y escrutadora… la tuya sobre la mía y la mía sobre la tuya...

A ver qué descubrimos.

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